PERÚ: Político del año 2006


El autor analiza antropologicamente la aparición del "otro" encarnado en Ollanta Humala para que los "cultos" del pais se dieran cuenta de la situación de la mayoria de personas en nuestro país.

Por Augusto Alvarez Rodrich

No ganó ninguna elección como Alan García y Luis Castañeda. Tampoco logró algún gobierno regional en los comicios de noviembre. Y la plataforma que montó para actuar en la política finalmente se quebró y ahora no cuenta con una bancada de peso en el Congreso.

En realidad, luego de tener un ascenso meteórico a partir de octubre del año 2005, cuando solo tenía una intención de voto de cuatro por ciento, y de ganar la primera vuelta, a Ollanta Humala le fue mal en el terreno electoral. Desde entonces, su posición política se ha ido diluyendo notoriamente.

A pesar de todo, la consecuencia de su aparición -desordenada y turbulenta- en la política peruana constituyó el hecho más trascendente en la escena nacional durante el año 2006.

Principalmente, porque la posibilidad tan grande que tuvo de llegar al poder fue una clarinada de alerta que sirvió para que muchos grupos relevantes interpretaran que no es posible conformar un país con una perspectiva sólida en el largo plazo si se mantiene la antigua situación de postración de un amplio sector del país que vive en estado de pobreza y de carencia de oportunidades.

En efecto, el hecho de que Ollanta Humala estuviera tan cerca de ganar la elección presidencial con un conjunto de ideas no precisas y sin un equipo articulado, produjo una preocupación profunda en muchos.

Humala tuvo la capacidad de encarnar esa actitud de protesta legítima y justificada, pero no bien encauzada, de la población andina y de otros sectores frustrados que siguen esperando políticas públicas eficaces para salir de la pobreza extrema en que viven desde hace tanto tiempo.

Después de la elección, el país en su conjunto logró una conciencia más clara de que vivimos en una bomba de tiempo. No es casual que el tema de la CADE haya sido la inclusión, y el del Congreso de Confiep, la educación.

Lo que ahora se necesita es ordenar apropiadamente esta actitud para que no quede en simples intenciones y para evitar que, en el año 2011, la falta de oportunidades y de esperanza siga siendo el motor principal del voto de la gente.

Fuente: www.peru21.com