Por Abelardo Oquendo
Le Figaro hizo recientemente una encuesta con la siguiente pregunta: "¿Es Francia un país civilizado?" Inimaginable décadas atrás, la cuestión planteada da idea de la depresión francesa. Algunos lectores, que han respondido por correo electrónico, mencionan entre los elementos para sustentar un 'no' el trato a los inmigrantes, la gente sin techo que debe dormir en la calle, el hacinamiento en las cárceles. Jean d'Ormesson responde con un artículo donde recuerda los tiempos en que toda Europa, y no solo Europa, hablaba francés.
Efectivamente, en todo el mundo hoy se habla más otras lenguas que la francesa y, peor aún, los libros franceses se traducen poco mientras en Francia abundan las traducciones. A d'Ormesson le duele que en el ámbito cultural un brillo de siglos haya empezado a deslucir: los libros franceses circulan menos en el exterior, los autores franceses reciben menos premios internacionales, París no es ya la Meca de los escritores y artistas y los estudiantes universitarios no sueñan más con postgrados en Francia.
Sin ir más lejos, en el Perú de la primera mitad del siglo pasado y en la segunda del anterior la mayoría de las personas cultas hablaban francés o lo leían. Y basta repasar al Riva-Agüero de El carácter de la literatura del Perú independiente para apreciar la enorme influencia francesa en el país de entonces. Tuvimos, inclusive, nuestros propios escritores franceses (los García Calderón, Francisco y Ventura) y un notable poeta, César Moro, que escribió en francés buena parte de su obra, sin que –hay que decirlo– los lectores franceses le hicieran mucho caso. En cambio, los nuestros estaban pendientes de las novedades de París.
¿Qué revista cultural peruana le haría hoy a un escritor de la segunda mitad del siglo XX un homenaje comparable al que Las moradas le tributó a Proust? Los jóvenes escritores peruanos no se interesan más por los escritores franceses que están en el candelero en París.
Fuente: www.larepública.com.pe


