Por Martín Tanaka
El 24 de marzo se celebraron los 90 años de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), en el marco de discusiones sobre los desafíos que deberá enfrentar en el futuro y de merecidos homenajes por su aporte al país. Me sumo con un pequeño comentario sobre mi generación en la PUCP.
Recuerdo a muchas personas con las que coincidimos en las aulas, patios, cafeterías y bibliotecas: entre las hoy relativamente conocidas podría mencionar a Jaime Bayly, Cecilia Valenzuela, Sol Carreño y Carmen de Piérola; Víctor Samuel Rivera; Aurelio Pastor, Pedro Gamio y Javier Barreda; Anel Townsend y Guillermo González Arica; Mario Saldaña, Miguel Santillana y Gustavo Guerra; Percy Medina y Sandro Venturo; Jorge Frisancho, Grecia Cáceres y Monserrat Álvarez; Claudia Salem y Phoebe Condos; Rosamar Corcuera y Francisco Guerra, y Maritza Garrido (hubo también células de Sendero Luminoso y del MRTA en la PUCP).
Estos nombres, entre muchísimos otros, son una pequeña muestra de la amplitud de los caminos que seguimos quienes pasamos por sus aulas a lo largo de la década de los 80, consecuencia de la formación plural que recibimos.
Creo que mi generación está marcada porque nos tocó vivir lo último de una época de intensa politización que provenía de la década de los años 70 y, al mismo tiempo, el final de esa época. Cuando varios nos animábamos a ser parte más orgánica de diversos proyectos políticos, nos tocó vivir el fracaso del primer gobierno aprista, la división de la Izquierda Unida, la derrota del Fredemo y el desmoronamiento de Sendero Luminoso y del MRTA. Es decir, nos tocó ser la última generación politizada, pero la primera en vivir el final de las utopías. Este cambio se expresó en nuestras vidas, en que todos pasamos de alguna u otra manera por renuncias, sacrificios, resentimientos, frustraciones, exilios, reajustes y reconversiones.
Cuando el mundo de las utopías terminó, sentimos que las múltiples derrotas que hubo, que también sentimos como nuestras, no fueron nuestra responsabilidad: fueron de nuestros líderes, ideólogos, dirigentes, a quienes, a decir verdad, nunca les creímos el cuento del todo. Creo que de allí nos viene una suerte de tono escéptico, pero sobre la base de una formación que por un momento creyó en que era posible pedir lo imposible.
He hablado de "generación" aunque no podamos decir que hayamos formado propiamente una, no al menos como se ha entendido a las generaciones de los años 50, 60 y 70, que articularon, mal que bien, propuestas intelectuales, artísticas y proyectos políticos. Tal vez ya no sea posible pensar en "generaciones" como las de antes, en un mundo tan diverso, complejo y cambiante como el que tenemos ahora. Como sea, creo que todos estaremos de acuerdo con que los intensos años que pasamos en la PUCP fueron definitorios para marcar nuestras maneras de ser y pensar, de ver el mundo, y de entender nuestro desarrollo personal y nuestra contribución al país.
Fuente: www.peru21.com


