Por Fernando Carvallo
Como previeron los principales institutos de sondeo, la segunda vuelta presidencial se disputará entre el conservador Nicolas Sarkozy y la candidata socialista Ségolène Royal.
Con 30.7 % de los votos en la primera vuelta, Sarkozy sigue siendo el favorito, pero su personalidad agitada y su discutible balance como ministro del Interior imponen prudencia a las predicciones. Frente a él, Ségolène Royal ha superado el 25% de los votos, es decir mucho más de lo obtenido por Lionel Jospin en las elecciones de 2002. El resultado de la segunda vuelta dependerá de la capacidad que muestre Royal para atraer a una parte de los electores del centrista François Bayrou, quien con 18% consolida la existencia de un nuevo polo del sistema político francés.
El gran perdedor es el veterano líder de la extrema derecha, Jean-Marie Le Pen, cuyo discurso alarmista y xenófobo ha convencido sin embargo a 11% de los electores. Ninguno de los otros ocho candidatos supera el 5%: tres trotskistas, una comunista, una ecologista y un altermundialista se inclinan hacia la estrategia de "Todo Salvo Sarkozy", mientras que el soberanista ultracatólico y el candidato de los cazadores aportarán sus votos a quien los seduce exaltando la "identidad nacional", la reacción contra la influencia de mayo del 68 y el principio de autoridad.
La cifra más significativa es la tasa de participación porque 84% de votos supone una masiva movilización, muy superior a la registrada en los anteriores comicios. En la historia de la Quinta República sólo Charles de Gaulle y François Mitterrand movilizaron más electores en el duelo que sostuvieron en 1965. La mayoría de los analistas concluye que los problemas sociales han vuelto a imponerse en el debate público, después de la desorientación creada por el súbito fin de la guerra fría, el auge de la globalización y la campaña internacional contra el terrorismo.
Los dos rivales de la segunda vuelta deberán afinar sus propuestas para explicar cómo podrán acelerar el crecimiento y reducir el peso de la deuda externa, a la vez que bajar los impuestos y mantener el gasto en salud, educación, vivienda, seguridad y lucha contra la precariedad. Pese a las décadas de inercia, una de las mayores economías del mundo no parece resignarse a la persistencia del desempleo, a la desigualdad creciente y a las amenazas a la cohesión social.
Sarkozy y Royal han aceptado debatir el próximo 2 de mayo, cuatro días antes de la segunda vuelta. Los electores han decidido el retorno a la bipolaridad izquierda-derecha. Ganará el que dosifique mejor el crecimiento y la justicia, el orden y la libertad, la fidelidad a una vieja historia y la apertura a la innovación. Una Europa paralizada y un mundo inestable necesitan que Francia sea gobernada por un líder capaz de promover un nuevo impulso.
Fuente: www.larepublica.com.pe


