Por Jorge Bruce
Sabemos que los peruanos integramos una de las sociedades más desconfiadas de la región. Sucesivas experiencias nos han llevado a desarrollar esta respuesta adaptativa a un funcionamiento colectivo marcado por la corrupción, el engaño y el desprecio por el otro. Muchos han terminado por considerar estos comportamientos tan naturales como el color de la piel, y no culturales, como el racismo. En esa lógica psicopatológica, hemos pasado de desconfiados a cínicos. "Piensa mal y acertarás" parece ser un refrán más descriptivo de nuestra idiosincrasia que la máxima jurídica, "toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario". El peor error es ser ingenuo, incauto, confiado. Lo dijo Alan García al inicio de su primer gobierno, justo después de convertir a soles los ahorros en dólares de quienes creyeron en su promesa electoral de no hacerlo. Luego estuvo la frase inaugural de Fujimori, solo que él dijo "caídos del palto", con lo cual agregaba una dosis de criollismo perverso y anunciaba lo que vendría después: una orgía de falsedad, encubrimiento e hipocresía sin precedentes, incluso en un país tan poco serio como el nuestro.
Pero el artífice de ese cinismo deliberado fue su socio, Vladimiro Montesinos, quien lo canalizó en un elaborado modus operandi. Esa escalada de cinismo duro no se ha confinado a la salita del SIN y a las grotescas distorsiones de Fujimori, que el juez chileno Álvarez no solo ha avalado, sino que ha llegado al extremo (¿ingenuo?) de copiarlas literalmente en su alegato contra la extradición del dictador, demostrando que si Montesinos dejó larvas, Pinochet no le fue en zaga. El asunto es que muchos peruanos se contaminaron como fumadores pasivos.
Hay diferentes tipos de cínicos. La gran clasificación coincide, grosso modo, con los tipos de ideología que separaba Karl Mannheim: la identificada por Machiavello, Voltaire o Hume, aquella del engaño conciente, en donde el fin justifica los medios. Saben lo que hacen y por eso lo hacen, dice Zizek. La otra es la de Marx y Engels, que ellos llamaron falsa conciencia o autoengaño. Es la voluntad de no saber. Prefiero no enterarme de los crímenes fujimontesinistas, como tampoco quiero oír el Informe de la CVR: ¿Para qué, si ya fue (y le convino al país)?
La mayoría de peruanos entra en esta segunda categoría, la de los pasivo-agresivos que dejan hacer. Los otros a menudo se encuentran en los centros de poder. Probablemente la ministra Mazetti estaba más cerca de la segunda modalidad, con su compra de patrulleros, y el ministro Alva Castro, en análoga situación, más bien en la primera. Pero ambos dijeron: "esta subasta ha sido impecable". El cinismo comienza como un mecanismo de defensa y termina como un rasgo de personalidad, que se infiltra y corroe toda la sociedad. No resignarse a su presencia ya es una forma de resistencia cultural.
Fuente: www.peru21.com


