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Mesa Verde en el IEP:
¿ES POSIBLE UNA HISTORIA RURAL NACIONAL?
LOS DERROTEROS DE UNA AUSENCIA EN LA HISTORIOGRAFÍ A PERUANA SOBRE EL SIGLO XIX.
Cecilia Méndez
University of California, Santa Barbara.
Día: Martes 16 de Octubre
Hora: 11.00 am
Local: Instituto de Estudios Peruanos
Horacio Urteaga 694, Jesús María.
Ingreso libre.
Sumilla:
Uno de los insultos más comunes en el habla cotidiana del Perú es "serrano": en realidad, un eufemismo para "indio". La asociación de “indio” con la sierra andina está tan profundamente arraigada en las valoraciones de los peruanos que se toma como natural; pocos se preguntan por su origen. No tenemos suficientes estudios que den cuenta del proceso histórico por el cual la sierra andina empezó a imaginarse simultáneamente como un lugar atrasado y pobre: un lugar de indios. Sin embargo, creemos que estas conceptualizaciones son claves no sólo para entender –y combatir– el racismo contemporáneo en el Perú, sino también el concomitante desinterés por la sociedad rural en la mayor parte de la historiografía peruana dedicada al siglo XIX, no obstante el reciente boom de estudios sobre el periodo.
Inspirada en los estudios pioneros de Benjamin Orlove y Natalia Majluf, planteo que la idea de los Andes –y sus habitantes– como un obstáculo para el progreso está relacionada por un lado, con procesos materiales concretos, como el progresivo viraje de la economía nacional de la sierra a la costa en los siglos XIX y XX, y por otro, con percepciones estéticas sobre el paisaje andino y sus habitantes, así como con nociones de progreso y desarrollo que surgen en ese contexto.
Mi presentación intenta, por otro lado, llamar la atención sobre la prevalencia contemporánea de aquellas ideas no sólo en el discurso neoliberal actual, sino, particularmente en la historiografía peruana sobre el siglo XIX. El virtual silencio, o el escaso interés que ha mostrado la historiografí a peruana dedicada al siglo XIX por historia rural, se debe a que esta no es asumida como parte historia nacional, siendo implícitamente delegada a los antropólogos y sociólogos.
En suma, en una coyuntura en que muchos, especialmente en Norteamérica, reflexionan sobre los excesos de la postmodernidad y la proliferación de estudios sobre los llamados sectores “subalternos”, yo quisiera enfatizar la vigencia del legado positivista en nuestra historiografí a. Es decir, recordar el peso que puede seguir teniendo la partida de nacimiento de la historia académica en occidente como disciplina que estudia el pasado de los pueblos con escritura, relegando a los pueblos ágrafos a la “pre-historia” , la antropología y la etnología.


