Por Hugo Neira
Un frente de sombras, el intitulado, es perífrasis, circunloquio, figura de estilo. Lo inspira una película peruana Una sombra al frente, largo de Augusto Tamayo y que por mi parte, como espectador (no soy crítico de cine, y lo agradezco) aprecié enormemente. Me interesó su trama, la vida de un ingeniero de inicios del siglo XX, Enrique Aet, sobre el fondo histórico de República Peruana entusiasmada por la conquista de la Amazonía. Aquel fue un gran momento de crecimiento material, como el de ahora. Por eso me interesa. Hay cegueras peruanas que se repiten.
Clave: "He señalado en este mismo diario, en mi lectura del excelente libro de Jaime de Althaus "La Revolución capitalista", que para los ricos emergentes de Los Olivos sí hay sitio, pero económico y no en el proyecto político porque eso no existe"
De ese filme se han dicho cosas muy buenas y también horrores. No entraré en detalles. Solamente digo que el personaje central ni es literario ni quimérico. Enfrenta una naturaleza peruana que es obstáculo, dificultad. Hubo muchos Enrique Aet entre la gente peruana de esos años. Fue época de levantamiento de Atlas. De ferrocarriles y caminos. De estudios botánicos y estadísticos. De Escuela de Ingenieros. De medicina de altura andina. De gente activa que incursionaba por los parajes peruanos no para inspirarse en un seudobudismo sino cargados de teodolitos, barómetros y brújulas. No para admirar los picachos andinos o los grandes ríos sino para trazar caminos y vencerlos. En busca de El Dorado, tras el puente sobre el fango amazónico. Pioneros y exploradores que encarna, con acierto, el ingeniero afiebrado de progreso del filme de Tamayo. ¿Ficción? Pienso en los estudios geográficos de Mariano Felipe Paz Soldán, con sus 30,233 nombres de lugares, medidos e inventariados. ¿Cómo creen que se levantó esa clasificación? ¿Desde Lima?
Ese período febril de nuestra vida (en filosofía, positivista, es decir, fanáticos de la ciencia) es mal conocido. La opacidad de su vida política, encerrada por egoísmos de clase, ha hecho olvidar ese enjambre de técnicos, marinos (como Germán Stiglich ) que extendieron la geografía de la alimentación con nuevos cultivos; una época donde se exportaba azúcar, viña, olivo, café, tabaco. Y mientras Lima se modernizaba, se abrían nuevas manufacturas e industrias. En esos años los inmigrantes italianos ascendieron socialmente. Y españoles y vascos. Gran parte de los grandes apellidos, "las grandes familias", provienen de ese auge. En fin, después de la guerra con Chile viene una etapa que historiadores como Basadre y también Porras llaman de la "reconstrucción". No se equivocan. Lo que pasa es que nos ha llegado una imagen marcada y denigrada, "república aristocrática". No digo que no fuera cerrada. Pero como no me gustan los eufemismos diré que de aristocrática tuvo muy poco, acaso un culto desmedido por el lujo. Fue en realidad un mundo de nuevos ricos. Más conviene el membrete que le colgó Víctor A. Belaúnde en l914, "plutocracias". Elites abiertas a las fortunas pero cerradas en lo político: sus clubes departamentales eran para pudientes. Las nuevas fuerzas sociales, capas medias, demos urbano, estudiantes descontentos, los capitaliza Leguía primero, luego el aprismo y el comunismo. Y bueno, la guerra civil.
Sigo sosteniendo que hay una terrible semejanza entre ese período de auge finesecular que se extiende hasta los años 20 y nuestros días. Se parecen en la generación rápida y hasta espectacular de riquezas. Pero se parecen en que el auge levanta, como ayer, demandas sociales y nuevos protagonismos populares que no se incluyen, sea porque no saben incluirlos, crisis de liderazgo, o porque ellos no quieren ser incluidos, crisis mayor. Propongo, cierto es, un paralelismo. Los clubes políticos de otrora, civil, pierolista, cacerista, se murieron por no saber integrar la protesta social. Ni a los nuevos intelectuales, los de la Reforma Universitaria, Luis A. Sánchez, Haya joven, Basadre joven, Porras joven. ¿Los de hoy, del aprismo a Unidad Nacional y las diversas izquierdas, están integrando el magma social? ¿A los nuevos actores, regionales, étnicos, o del éxito económico, la burguesía emergente de los felices Conos? He señalado en este mismo diario, en mi lectura del excelente libro de Jaime de Althaus "La Revolución capitalista", que para los ricos emergentes de Los Olivos sí hay sitio, pero económico y no en el proyecto político porque eso no existe. Juan Sheput, un hombre inteligente, a quien considero un amigo –las discrepancias políticas son otra historia– acaba de sostener que hay tiempo, que nada hasta el 2010. No, Juan, las grandes maniobras son para el ahora. Pero el presente no es sino un frente de sombras, elusivo, sinuoso, cortesano. Mientras, la calle se vuelve tumulto, cuando podría ser movimientismo, previsión, anticipación, futuro. Otra vez, la clase política y empresarial se está durmiendo. ¿2011, igual a 1931? ¿Después del esplendor de la quimera económica, el abismo?
Fuente: www.larepublica.com.pe


