Por Javier Martell
Director de El Estándar Social
(*) Publicado en Puntodu #105 (Publicación PUCP)
¿Qué puede atraer a los jóvenes a incursionar en política hoy? En primer lugar debemos tomar en cuenta un diagnóstico cuantitativo y cualitativo sobre la actual situación de los jóvenes en nuestro país, y más precisamente, la de los universitarios de Lima, que son el interés del presente artículo. Partiendo de esa premisa, podremos saber cuáles son sus reales expectativas, su disposición y también su capacidad para contribuir al desarrollo de nuestro país en el campo político, factor clave para lograr cambios estructurale en nuestra sociedad.
En términos generales la política no es hoy atractiva para los jóvenes de Lima. Así lo señala la Encuesta sobre Medios y Política de la Universidad de Lima publicada en mayo del 2007. Los encuestados, entre 18 y 27 años, señalaron que están muy interesados (4%) o interesados (13,5%) en temas políticos, mientras que el restante 82,5% señala que está poco o nada interesado.
Otra encuesta realizada en diciembre del 2005 por el grupo universitario ReCrea entre 562 estudiantes de siete universidades de Lima señala que el 70% no ha participado nunca en actividades de observación o educación electoral, mientras que el 63% niega haber formado parte en manifestaciones públicas o campañas electorales.
Con esa información, debe pensarse la reestructuración de los partidos políticos para que puedan no sólo acoger a jóvenes interesados en temas políticos, sino que además puedan brindarles una plataforma para su desarrollo. Estos espacios deben tener un grado de innovación y de recambio generacional que les permita a los jóvenes identificarse con el mismo. Ello no sólo será importante para que se cambie la idea que los jóvenes tienen actualmente sobre el concepto de “política” (generalmente relacionado a burocratismo, corrupción y caudillismo), sino que a la vez permitirá la sana competencia interna, que será el insumo que permita un mayor nivel en la manera en la que se hace política en el país.
Debe primar también el reconocimiento y respeto entre las diferentes nuevas élites políticas del Perú. No tratarse como enemigos, sino como adversarios que tienen como objetivo la aspiración a ejercer algún cargo político y a la vez como miembros de una red que se puede denominar el Sistema de Partidos Políticos, facilitando trabajos conjuntos en diferentes esferas del Estado y de la sociedad civil. Este punto parece lógico de entender. Sin embargo, hemos presenciado que en la práctica es difícil que las organizaciones políticas peruanas establezcan puntos de agenda concordantes en torno a políticas de corto, mediano y largo plazo, primando muchas veces los intereses personales. Todo ello sin excluir la disidencia, elemento clave en cualquier democracia real.


