Por Juan La Cruz*
Estudiante de Sociología - PUCP
Articulista de El Estándar Social (Ciclo 2008-1)
Con lo movido que ha estado el país las últimas semanas sé que a primera vista puede no parecer un tema de especial importancia, pero aún así quiero expresarme a propósito de las acusaciones judiciales contra Ollanta Humala y Alejandro Toledo. No hace mucho, ambos personajes declararon conjuntamente ser victimas de una persecución judicial que formaría parte de un “complot” dirigido por el gobierno para anularlos políticamente. Si bien esto puede sonar exagerado y difícil de probar, tampoco podemos negar un margen de verdad en tal afirmación: En el Perú, así lo nieguen los hombres de leyes, todos sabemos que la "justicia" no funciona sino tiene un empujón detrás, y que la magnitud de este empujón depende principalmente de dos recursos escasos: dinero, y/o poder político, a los que yo también añadiría el fenotipo.

En ese sentido, es comprensible que Ollanta Humala sea tratado por la ley y los medios de comunicación como un rastrero violador de derechos humanos apropósito de un psicosocial maliciosamente armado[1], mientras que Alan García descansa tranquilamente en palacio al igual que sus numerosos trapos sucios lo hacen en el archivo del poder judicial. Ahora bien, ¿Cuáles son los procesos judiciales acumulados por Toledo y Humala? Desde que acabó su gobierno, Alejandro Toledo se vió envuelto en denuncias de nepotismo, malversación de fondos y hasta de violación sexual. Esta última, que hizo la comidilla de la gente durante unas semanas, terminó siendo una vergonzosa farsa montada adrede por un mediocre congresista tránsfuga (e instigada por quien sabe quien…).[2]
En el caso de Humala, el proceso judicial que sigue por lo de Madre Mía se encuentra prácticamente paralizado a falta de pruebas, habiéndosele ampliado la instructiva a fin de conseguir (¿comprar?) mas testimonios que sustenten la acusación. Por otro lado, se abrió todo un juicio sobre la presunta participación del líder nacionalista en el famoso “Andahuaylaso” de su hermano Antauro (¡tres años después!), donde habría tomado el papel de “líder intelectual”, algo que ni el mismo Alejandro Toledo siquiera sugirió cuando ocurrió la asonada y que al igual que lo anterior, no cuenta con mayores pruebas pero sí con un proceso llevado maliciosamente en detrimento de Humala.[3]
Si además sumamos a lo anterior la insinuación de Alan García de ir a la reelección para el 2011, la idea de la persecución judicial no resulta absurda. Mi reflexión no obstante es que esta persecución no sería más que la manifestación “legal” de un acoso sistemático contra estos dos personajes, el cual viene desde hace ya bastante tiempo. En el caso de Alejandro Toledo, es perfectamente posible que el estimado lector piense a nuestro ex presidente con uno o mas de los siguientes calificativos: mujeriego, drogadicto, derrochador, mal padre, huachafo, pisado, etc. Pero yo le preguntaría ¿Qué tan cierta es esa imagen que se ha construido de él? ¿Hasta qué punto no es una creación maniática de una prensa irresponsable (y luego lloran por “democracia”…), un partido lleno de oportunistas y una sociedad infestada hasta el cogote de autodestructivos prejuicios? ¿Por qué para un “cholo” como Toledo le resulta un pandemonio de casi dos años el tema de una hija no reconocida y a un “criollazo” como Alan García la misma historia no le pesa mas de dos días y encima con presencia de su risueña familia y abnegadísima esposa (patética representación de sumisión femenina de Pilar Nores)? En fin, sumémosle también a eso el “graciosísimo” programa de Carlos Álvarez para constatar que la sistemática destrucción de la imagen de Toledo esta cargada de un sesgo étnico.
El caso de Ollanta Humala es más escandaloso aún, Es ocioso hacer un recuento de las miles de calumnias y desinformaciones que la prensa basura (en la que incluyo a esas “señoras de la noche” de los canales 2 y 4) propaló contra su persona, igual que contra Toledo, con un fuerte sesgo étnico como principal ingrediente de las mismas.[4] Solo recordemos a la “dama” Rosa María palacios, que demostrando su amplio conocimiento sobre los cambios culturales en la sociedad peruana (y que para ella el Perú no se reduce a San Isidro) le pregunta a Humala sobre el “por qué dice representar lo andino y se viste con jeans” (¡¿?!). De repente lo hubiera preferido ver con ojotas, y lo peor es que aun así la dama hubiera encontrado motivos para discriminarlo.
¿Acaso no fue Toledo el blanco de tantas burlas, acusaciones, habladurías y demás donde muchas veces su origen y fenotipo servían de vil aliciente al sinnúmero de cosas que se le imputaron (“La hora Cabana”, “La llama de Harvard”)? ¿No era pasatiempo favorito de “serios” periodistas y medios de comunicación como CARETAS hacer una ecuación directa donde Ollanta + Reivindicación directa de lo andino = crisis social? ¿No se escondía tras los ataques –fundados o no- contra las propuestas de industrialización de la hoja de coca, difusión del idioma quechua, etc., una forma asolapada pero malditamente efectiva de agresión cultural? Asimismo, ¿No es el propio trasfondo étnico de ambos personajes una razón sustancial de la simpatía que despertaron en su momento (y de seguro seguirán despertando) para con una gran mayoría de peruanos, y que esa otra minoría de peruanos se ha encargado de pisotear con una extraordinaria coordinación (Porque para eso si funcionan)?
Creo que ésta es una razón importante del casi paranoico temor al liderazgo de ambos personajes. Independientemente de sus respectivas posturas, es un liderazgo de fuerte peso étnico; variable que al jugar subterfugiamente en la construcción de simpatías políticas nos dice hasta que punto el rezago estamental sigue enquistado en nuestra sociedad. No es difícil por ello, pensar que detrás del acoso que apunta a anularlos políticamente para el 2011 se encuentre también la intención de ningunear el liderazgo étnico que representan para una inmensa mayoría del país, pero no para la minoría que desde la fundación de la republica nos sigue gobernando. Entonces pienso en aquella reunión que Toledo y Humala sostuvieron hace cierto tiempo como lideres de la oposición, y puedo recordar como le fue imposible a Jorgito del Castillo y compañía esconder el tufillo racista del porqué estaba mal que ambos señores siquiera se preguntaran la hora. Cierto: ambos se han puesto etiquetas ideológicas distintas en la frente, pero al intentar poner en dialogo las mismas ¡son inmediatamente atacados y sindicados como enemigos del Perú por el poder oficial! Y me imagino entonces a los ladinos Martinillo y Felipillo rajando a escondidas del pobre Pizarro, y me asqueo de esas pequeñas pero cotidianas evidencias del repugnante rezago estamental peruano.
(*) Véalo tambien en: http://elcholodelsiglo21.blogspot.com
-----
[1] Me refiero al tema de Madre Mía, en el que las pocas y contradictorias pruebas contra Humala contrastan con la información encontrada por Cesar Hildebrant, donde se evidencia tergiversación de información, falsos o comprados testimonios, etc.; y que le costó al periodista la salida forzada de “Frecuencia Latina”, demostrando hasta qué punto los grandes empresarios televisivos se habían confabulado para destrozar la imagen del líder nacionalista, en ese tiempo en plena campaña presidencial. (ver diario la republica edición del 7/2/2006 )
[2] Estoy hablando de la supuesta violación de la “practicante” Diana Carolina Arévalo perpetrada por Alejandro Toledo, denuncia interpuesta por el congresista Eduardo Espinoza, tránsfuga del Partido Nacionalista junto con Torres Caro. La propia “señorita” acabó por desmentir lo afirmado y queda pendiente una denuncia por difamación contra el tal Espinoza.
[3] Como figura en la edición de “El comercio” del 12 de Febrero de 2008, se pidió rápidamente 15 años de prisión contra Ollanta Humala sin que este haya siquiera efectuado sus descargos.
[4] Cabe mencionar la constante extrapolación entre Ollanta y Antauro como si ambos se tratasen de la misma persona; la vinculación oportunista del proyecto nacionalista con la ideología etnocacerista de Antauro e Isaac Humala y mas adelante con la del “proyecto bolivariano” de Chávez infundiendo así un temor irracional en la población; el cuestionamiento al bienestar material de la familia Humala Heredia pretendiendo mostrar una contradicción entre éste y su liderazgo político; la inmediata asociación hecha por la prensa entre un mensaje reivindicativo del mundo andino y una postura de izquierda radical, etc.; muchos etcéteras.


