Función Política del Paro

Por Carlos Reyna*

Según las encuestas, el gobierno del presidente García y el premier Del Castillo está siendo reiteradamente desaprobado por el 70% de los ciudadanos del país. En algunas regiones, como el Sur y el Oriente, esa desaprobación se acerca al 90%.

Una serie de paros y protestas regionales muestran que el potencial de protesta popular ha crecido hasta un punto que ha rebasado la capacidad de contención que puede tener la policía. Lo de Moquegua ha sido lo más claro, pero no lo único, en este sentido.

Los sondeos son una forma pasiva y difusa de opinión pública. Por medio de ellas, las encuestadoras son las que expresan a la gente. Las protestas sociales son una forma activa y concentrada de expresar opinión. A través de ellas, la gente se manifiesta directamente. Es lo que Pierre Bordieu llamó opinión pública constituida.

Esas dos formas de opinión dan hoy en día el mismo dato. Este gobierno conduce al país en un sentido contrario a la opinión mayoritaria de los ciudadanos.

Hace tres siglos que David Hume dijo que los gobiernos se basan en la opinión de la gente, en el sentido de que no pueden prescindir de ella. Tanto más cierto cuando se trata de regímenes democráticos y de gobiernos que pretenden serlo en el siglo XXI.

El Congreso, que debería ser el principal canal de expresión de las expectativas ciudadanas y un instrumento de corrección al rumbo del Ejecutivo, ha abdicado, hasta ahora, de esa función. Su desaprobación es aún más alta que la del gobierno, por su mayor exposición a la mirada pública. Lo mismo ocurre con los partidos políticos allí representados.

La mayoría de medios masivos, en especial la TV, favorecen un tipo de opiniones más cercanas a la política general del gobierno, y también su nivel de credibilidad pública ha venido bajando.

En este sentido, el paro del 9 de Julio le va a hacer un gran servicio a nuestra democracia. Ya que otros canales están cerrados en gran medida, esta protesta va a expresar la opinión activa que el Gobierno y el Congreso parecen necesitar. Canalizará descontentos, desfogará tensiones. Hará creíble que la democracia no funciona sólo en los días de elecciones.

Los que son un riesgo para la democracia son los gobernantes que, advertidos de que marchan contra la opinión mayoritaria y que esta se moviliza, no optan por enmendarse sino por la pura fuerza para imponer sus políticas.

Algo de eso se manifestó en el castigo al general de la policía que no usó las armas para terminar la pasada toma del puente de Moquegua. Vuelve a aparecer en la última decisión de llamar a las FFAA para que actúen en medio del paro anunciado.

Y esa es otra de las funciones políticas de las protestas sociales y de este paro en particular: develar cuánta democracia soportan determinados políticos, élites sociales y cierta prensa. Con frecuencia es muy poca.

(*) Fuente: www.larepublica.com.pe