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El desempleo juvenil latinoamericano ha disminuido en la última década y la juventud lidera la comprensión y uso de las nuevas tecnologías. Pero los jóvenes desconfían de las instituciones políticas, se sienten discriminados por ser pobres y la educación no les ha servido como palanca para la movilidad social.
Estas son algunas de las conclusiones del informe "Juventud y cohesión social en Iberoamérica: Un modelo para armar", publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ), y dado a conocer hoy durante la XVIII Cumbre Iberoamericana que se realiza en El Salvador.
El estudio analiza los vínculos entre los jóvenes y la cohesión social, entendida tanto como las estructuras e instituciones que facilitan la inclusión social (educación, empleo, protección social), así como el sentido de pertenencia a la comunidad.
"Pan de cada día" le parecen a la juventud latinoamericana las brechas que a la larga minan la cohesión social. Los jóvenes tienen "más educación y menos empleo; más información, pero menos poder; más consumo simbólico, pero menos consumo material; más expectativas de autonomía, pero más dificultades para formar hogares propios...," se sostiene.
Un promedio de 69% de los jóvenes latinoamericanos dice sentirse discriminado, cifra particularmente alta en la República Dominicana (84%), Ecuador (81%) y Bolivia (79%); más del 20% afirma que se siente discriminado por ser pobre. Poco más del 35% de los jóvenes en la región vive en la pobreza, y otro 11,4% en situación de indigencia.
Un 10,9% de la juventud se siente discriminada porque no cuenta con suficiente educación. La educación como palanca de movilidad social, "no funciona igual para todos los jóvenes (...) Los que tienen menos probabilidades de concluir la enseñanza secundaria son los jóvenes cuyos padres no terminaron la enseñanza formal, los de origen indígena y afrodescendiente, los residentes en zonas rurales y los que gozan de menor bienestar material," dice el informe.
Tampoco confían en terceros. Menos del 20% de los jóvenes consultados cree que se puede confiar en la mayoría de las personas, y en países como Brasil y Nicaragua, la desconfianza hacia quienes los rodean es extremadamente alta (95% y 89%, respectivamente).
Razones para el Optimismo
Sin embargo, el estudio de CEPAL da visos de optimismo. El desempleo juvenil bajó durante esta década, y esto beneficia a jóvenes de distintos niveles de ingreso. Hay niveles cada vez mayores de educación, redundando en más oportunidades de inclusión social, y la conectividad comienza a extenderse hacia las nuevas generaciones en todos los estratos sociales, al ampliarse el acceso a través del sistema escolar.
"El desafío es avanzar en mayor igualdad de logros entre jóvenes de distintos niveles de ingresos familiares, zonas de residencia e identidades étnicas. Y complementar los saltos en educación con políticas que reconstruyan los eslabones perdidos en el tránsito de la educación al trabajo," concluye el informe.
La juventud es la vanguardia en las comunicaciones y el conocimiento, dice el estudio, pero resulta notoria la brecha digital debido a diferencias socio-económicas y educacionales. Sin embargo, "las diferencias por edad, nivel socioeconómico y educación marcan claramente la brecha digital en términos de acceso, intensidad y contextos de uso, lo que podría exacerbar las brechas socio-económicas preexistentes, minando precisamente la cohesión social," alerta.
El informe se estructura en cinco partes: pobreza y riesgos; desarrollo de capacidades; generación de oportunidades; juventud, familia y sentido de pertenencia; y la institucionalidad y las políticas de juventud. Incluye capítulos sobre mortalidad, maternidad adolescente, educación, conectividad, empleo y violencia juvenil, entre otros. Contó con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB).
Fuente:
CEPAL